Carlos sintió un impulso irresistible de revisar su teléfono. Al encenderse la pantalla, un mensaje de un antiguo colega del bufete lo golpeó con la fuerza de un impacto físico. Era una foto de Lucía en el vestíbulo de Valladares Corp, rodeada de curiosos, siendo el blanco de dedos acusadores y susurros de desprecio.
Una punzada de culpa le atravesó el pecho. Si no hubiera sido por su propia imprudencia, ella no habría tenido que soportar la crueldad de Fernando. Cada vez que miraba la imagen,