Nadine gruñó entre dientes, hirviendo de una frustración que no podía contener. Tiffany, su asistente, se acercó de puntillas con una mirada cargada de astucia.
—Señorita Méndez, sus planes anteriores fueron... un poco intensos —susurró Tiffany—. Ya que ella le arruinó el día, ¿por qué no le da un pequeño disgusto? Algo que la ponga en su sitio sin que nadie pueda relacionarla con usted.
Nadine frunció el ceño, pero a medida que Tiffany le explicaba el plan al oído, una sonrisa maliciosa se dib