Fernando arqueó ligeramente una ceja al notar la extraña expresión en el rostro de Zane, pero guardó silencio. Entonces, como si un recuerdo lo golpeara, sacó un archivo del cajón de su escritorio: el expediente incompleto que Carlos le había entregado.
Pasó directamente a la última página, rozando la cubierta rugosa con los dedos. Solo había leído la primera mitad, pero había sido suficiente para helarle la sangre. Poco a poco, apretó los puños.
¿Por qué?
Hace un año, todas las pruebas de la f