Capítulo LXXVIII: El hallazgo en la cuna.
El silencio en el ala norte de la fortaleza era absoluto, una calma artificial que se rompió con un grito ahogado que no llegó a ser palabra. Elena, la joven de mirada esquiva y manos firmes que Sofía había designado como la sombra de su hijo, salió de la habitación de Arthur con el rostro del color de la ceniza. Sus manos temblaban tanto que el pequeño bulto envuelto en papel de seda crujía como si tuviera vida propia.
Alexander y Sofía, que cruzaban el pasillo tras una breve reunión con Simón