La Biblioteca Pública de Nueva York parecía un palacio de cristal y mármol bajo las luces de la gala benéfica. El eco de las risas refinadas y el tintineo de las copas de cristal de Baccarat llenaban el Gran Salón, pero para Sofía Lennox, el sonido no era más que estática. Ella caminaba por el salón con la elegancia de una pantera, sintiendo el peso de las miradas sobre su espalda. Sabía que esa noche, entre la aristocracia neoyorquina y los filántropos de fachada, se ocultaba algo mucho más an