—He visto a una mujer que desperdicia su tiempo jugando con un insecto —Maximilian señaló hacia la puerta—. Ese hombre te robó y te humilló con una mujer que no vale ni el aire que respira. Y tú, en lugar de aplastarlo, lo tienes en tu casa, en tu cama y en tu empresa después que todos se enteraron de que jugó contigo. No mereces esto. No mereces migajas de quien solo busca aprovecharse de tí.
Lysandra lo miró con los ojos entrecerrados. Le asustaba que supiera tanto de ella, y en cambio ella