Días después. el país entero se detuvo. Las pantallas de los escaparates en las avenidas principales, los teléfonos móviles de los empleados en las oficinas y los televisores en los barrios más remotos transmitían la misma señal: la llegada de los Vanderbilt a la Catedral de Montevideo. No era una simple ceremonia; era la consolidación de un reinado que se levantó de las cenizas de una estafa que casi borró el nombre de los Valerius del mapa. Doce años después del desastre que fue el ffracasao