La brisa del río en la terraza privada de la mansión no lograba disipar la extraña pesadez que Lysandra sentía en el cuerpo. Eran las tres de la mañana y la gala de la fundación había quedado atrás, convertida en un éxito rotundo que aún resonaba en las notificaciones de su teléfono. Sin embargo, ella no sentía la euforia que esperaba. Sentía un vacío peculiar, una desconexión entre su mente victoriosa y un organismo que parecía operar bajo sus propias reglas.
Maximilian estaba en el interior d