La mañana en la oficina principal de Imperial Textiles no trajo la calma que Adrián esperaba. El sol entraba por los ventanales con una fuerza insultante, iluminando cada rincón del despacho que antes le pertenecía. Lysandra estaba sentada detrás del escritorio de caoba, revisando estados de cuenta con una indiferencia que a él le carcomía los nervios. Adrián permanecía de pie a su lado, cumpliendo con la orden de estar presente y visible, aunque se sentía como un mueble más de la habitación. S