Adrián sostuvo el sobre negro con las yemas de los dedos, sintiendo la textura del papel premium antes de rasgarlo con una impaciencia que rozaba el éxtasis. Cuando leyó el encabezado del documento oficial, sus ojos se detuvieron en el nombre: Lysandra Valerius. Inmediatamente después, sus pupilas se fijaron en la fecha y el sello de defunción. Todo coincidía, no había margen de error. Su victoria estaba sellada, sonrió con malisia, celebrando cuanto lo quería el destino al haberle concedido se