Evangeline Olmos.
Aparté el plato de pasta casi intacto, consciente de que el nudo en mi estómago me impediría pasar un solo bocado. El reloj de la cocina avanzaba de forma implacable, recordándome que las cinco de la tarde llegarían antes de lo que mi mente y mi cuerpo estaban preparados para asimilar. Me levanté de la mesa del comedor y me dirigí a la suite principal con una resolución repentina, una chispa de rebeldía alimentada por el despecho y la humillación que habían provocado las pal