Evangeline.
El sonido estridente de la alarma me arrancó de un sueño pesado y fragmentado, devolviéndome a la realidad con una brusquedad que me heló la sangre. Intenté girarme sobre la cama para apagar el teléfono, pero un gemido de dolor reprimido escapó de mis labios en cuanto apoyé el peso del cuerpo sobre el colchón.
Todo, absolutamente todo mi cuerpo me dolía. Mis músculos se sentían rígidos, agotados por la tensión de la noche anterior, pero el foco principal del sufrimiento se conce