Maximilian Voss.
La puerta de la habitación número ocho se abrió con una parsimonia que me resultó una tortura absoluta. El gobernador entró y, al verlo cruzar el umbral, me obligué a ejecutar el movimiento más difícil de toda mi carrera como amo: me alejé de Evangeline. Me retiré hacia el sofá de cuero negro situado en el ángulo opuesto de la estancia, dejando que ella quedara sola, en el centro de la habitación, convertida en un blanco vulnerable bajo las luces rojas. La vi temblando; sus ho