La mansión Lancaster había quedado atrás, pero el eco de aquella escena seguía martillando en el pecho de Bianca. La confesión brutal de Zachary, las lágrimas impotentes de Judith, las carcajadas venenosas de Willow y la burla despiadada de Cassian… todo se repetía una y otra vez en su mente como un tormento imposible de silenciar.
Subió al auto de Ronny sin pronunciar palabra, con el rostro blanco como la cera y los ojos fijos en un punto muerto. Sentía que el aire le faltaba, que el peso del