Aquella verdad había sido un golpe brutal, como un látigo que desgarró el frágil telón de mentiras que Willow había tejido con tanto cuidado. Desde la noche en que el video salió a la luz, nada volvió a ser igual.
Cassian ya no la miraba con ternura, ni siquiera con compasión. Su rostro estaba endurecido, y sus palabras eran cuchillos.
—Maldita sea, Me mentiste, Willow —le había dicho esa noche, de pie junto a la ventana, con la voz cargada de un desprecio frío—. Jugaste conmigo, con todos noso