Bianca, con el rostro encendido como un volcán a punto de estallar, respiró hondo, dejando que su verdad, contenida por tanto tiempo, surgiera como un río desbordado. Su voz, firme como el acero, resonó en el salón como un latigazo que cortó el aire y heló la sangre de todos los presentes.
—¡Willow ha tejido una red de mentiras! —proclamó, con una fuerza que hizo temblar las paredes—. ¡El accidente fue una farsa, una vil artimaña para manchar mi nombre y hundirme en el lodo de la infamia!
Willo