El silencio que siguió a su unión era denso, cargado de ecos de pasión y promesas tácitas. Bianca yacía en los brazos de Aldric, su piel aún húmeda por el sudor compartido, los latidos de su corazón resonando contra el pecho firme de él. Sus labios, hinchados por los besos voraces, temblaban ligeramente mientras intentaba procesar la intensidad de lo que habían compartido. Aldric la sostenía con fuerza, como si al mantenerla pegada a su cuerpo pudiera protegerla del mundo que parecía conspirar