El grito desgarrador de Judith rompió el silencio solemne de la mansión, un grito que hizo temblar los cimientos y heló la sangre de todos los presentes. Cassian y Zachary corrieron precipitadamente hacia el salón, con los rostros tensos, y lo que vieron los dejó petrificados: Willow yacía en el suelo, rodeada de un charco de sangre que teñía las frías baldosas. Su piel parecía más pálida que nunca, y sus ojos brillaban con lágrimas que parecían arrancadas del más profundo dolor... pero detrás