El alba se filtró por las pesadas cortinas de la mansión Di Giovanni con una palidez sepulcral, reflejando exactamente cómo se sentía Audrey. Había amanecido con los ánimos por el suelo, el cuerpo pesado y la mente saturada de ecos. Desde que puso un pie en el aeropuerto, huyendo de cinco años de sombras, su paz mental había sido una moneda de cambio en manos de Alessandro. Pero lo de anoche... lo de anoche había sido el golpe final.
La amenaza de pelear por la custodia de los gemelos flotaba e