El eco de la bofetada mediática era mucho más ensordecedor que el golpe que Alessandro le había propinado a Eliot. El despacho, usualmente un santuario de precisión arquitectónica y silencio absoluto, ahora se sentía como el epicentro de un terremoto. Las noticias habían corrido como pólvora. Las imágenes de Alessandro saliendo de la residencia Sullivan, con los nudillos ligeramente hinchados y esa expresión de frialdad asesina, estaban en cada pantalla.
Los titulares no tenían piedad; "El Arqu