Cuatro años después...
El eco de unas risas infantiles rebotaba contra las paredes del gran salón, rompiendo definitivamente la solemnidad que alguna vez caracterizó a aquel espacio de techos altos y mármol frío. La mansión Di Giovanni, que en otros tiempos funcionó como un monumento al poder y al aislamiento de un hombre herido, se había transformado finalmente en un organismo vivo, cálido y caótico. Matthew y Emma, que a sus diez años ya caminaban con una confianza asombrosa y una estatura qu