Tres días antes del impacto, Eylül Karaman creía haber recuperado cierta normalidad. Los exámenes finales en la universidad, los cafés entre clases y los audios diarios a su hermana mayor componían su burbuja de contención. A veces, incluso sonreía. Fingía que todo estaba en orden, que la boda forzada no había dejado cicatrices, que el monstruo con el que casi fue obligada a casarse ahora no residía en la misma mansión que Nehir.
Pero los ojos no mienten.
Y cada noche, frente al espejo de su