El cielo estaba cubierto de nubes bajas, como si la ciudad entera se hubiera envuelto en una manta de silencio. Zeynep caminaba por el pasillo de la clínica con el ritmo medido de quien lleva demasiadas cosas en la cabeza. Saludó a los voluntarios, revisó el panel de turnos y entró a su despacho sin quitarse el abrigo. En la mesa la esperaba una carpeta con el sello de la fundación europea, una carta de agradecimiento por el informe trimestral y una invitación para participar en una conferencia