El amanecer en Rize era apenas un suspiro entre la lluvia y la niebla. La ciudad se desperezaba con lentitud, aún dormida bajo capas de humedad que parecían no querer disiparse. Desde su habitación en el ala este de la mansión Aslan, Nehir contemplaba la silueta gris del Mar Negro a través del ventanal. No había dormido. Otra noche en blanco. La amenaza, la imagen de Eylül vigilada, y la presencia inquietante de Leyla volvían una y otra vez a su mente como un disco rayado.
Apretó la taza de ca