La llamada había sido breve. Precisa. Como un bisturí que corta la piel sin que sangre de inmediato.
—Quiero hablar —dijo Eylül al otro lado del teléfono.
Leyla no sonrió. Pero en su interior algo vibró. Una ficha había caído. Y con ella, se comenzaban a mover todas las demás.
—Perfecto, hermosa —murmuró con voz melosa—. Te recogeré en media hora. No te preocupes… solo hablaremos.
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Cuando el auto se detuvo frente al portón trasero de la universidad, Eylül ya estaba allí. Con una mochila p