El invierno había comenzado a instalarse en la ciudad con una calma engañosa. Las calles parecían más silenciosas, los mercados menos bulliciosos, y en la mansión Aslan se respiraba un aire de preparación. No era la tensión de los juicios pasados ni la incertidumbre de los primeros días de la clínica; era otra cosa, más profunda: la sensación de que se acercaba un cierre, un desenlace que pondría a prueba todo lo que habían construido.
Nehir se levantó temprano, con el corazón inquieto. Caminó