El amanecer llegó con un cielo limpio, como si la ciudad quisiera regalarles un último respiro antes de que todo cambiara. En la mansión Aslan, el bullicio habitual se había transformado en un murmullo sereno: las ventanas abiertas dejaban entrar el olor del pan recién hecho, y las risas de Ayla en la cocina se mezclaban con el sonido de los pájaros. Era un día distinto, un día que no traía juicios ni audiencias, sino la promesa de un futuro que aún estaba por escribirse.
Nehir se levantó tempra