Zeynep
—¿Vienes a cenar? —preguntó Ayla desde la cocina cuando Zeynep empujó la puerta con los papeles aún en la mano.
—Dame diez minutos —respondió Zeynep, depositando la carpeta sobre la mesa y dejando escapar un suspiro que era mitad cansancio, mitad alivio—. Tengo que cerrar un informe antes de desconectar.
—¿Otra vez trabajando hasta tarde? —dijo Ayla sin mirar—. No te hagas la heroína. Hoy hay lentejas.
Zeynep sonrió con esa mezcla de afecto y culpabilidad que siempre le provocaba su sueg