El día después del testimonio de Halil Karaman no trajo alivio. Trajo movimiento.
Las oficinas del Ministerio de Justicia amanecieron con una orden de revisión sobre los contratos empresariales de Mirza Aslan. El comunicado oficial hablaba de “una auditoría rutinaria”, pero nadie lo creyó. Los medios lo interpretaron como represalia. Los aliados de Nehir lo leyeron como amenaza.
Y Mirza… lo recibió como confirmación.
—Ya no se esconden —dijo, mientras revisaba los documentos con Cemil—. Van a p