La ciudad no dormía. No después de lo que había ocurrido.
La declaración de Ayla Karaman había sacudido los cimientos del sistema judicial. Las redes sociales seguían ardiendo, los canales de noticias repetían su testimonio en bucle, y los analistas políticos comenzaban a hablar de una “fractura institucional sin precedentes”.
Pero en el Ministerio, el silencio era absoluto.
El Ministro Invisible había convocado a una reunión de emergencia. No en su despacho habitual, sino en una sala sin venta