Mundo ficciónIniciar sesiónFirmar aquel contrato no fue una elección… fue la única salida que le quedaba. Valeria sabía exactamente lo que hacía cuando aceptó casarse con Adrián Montenegro: un hombre frío, calculador y peligroso, incapaz de perder el control… y mucho menos de sentir. Un matrimonio por un año. Sin sentimientos. Sin errores. Sin escapatoria. Pero lo que comenzó como un simple acuerdo pronto se convierte en un juego de poder donde cada regla tiene consecuencias… y romperlas puede destruirlo todo. Porque Adrián no es un hombre al que se pueda desafiar. Y Valeria no es una mujer dispuesta a obedecer. Entre tensión, secretos y una atracción que no debería existir, ambos descubrirán que hay decisiones que no solo cambian el destino… sino que pueden convertirse en el inicio de su propia perdición.
Leer másTuve la sensación de que Adrián ya sabía exactamente qué quería preguntarle.—¿Es importante?La pregunta consiguió irritarme más de lo que debería.—Si no lo fuera, no te habría detenido.Una leve sonrisa apareció en sus labios.—Entonces supongo que sí debemos hablar.—Me gustaría hacerlo antes de regresar.Adrián desvió brevemente la mirada hacia los fotógrafos que nos esperaban unos metros más adelante y después volvió a mirarme.—Hablemos durante el vuelo.—¿Vas a responderme?—Si sigues insistiendo tanto, supongo que tendré que hacerlo.—Eso no es una respuesta.—Tampoco una negativa.—Eres desesperante.—Lo sé.Antes de que pudiera insistir, uno de los organizadores se acercó para avisarnos que la prensa ya estaba lista para las fotografías finales. A nuestro alrededor, varios inversionistas comenzaban a despedirse de Alexander Armand y los asistentes recogían los últimos documentos de la reunión. Todo el mundo parecía tener algo que hacer.Las siguientes horas transcurrieron en
Cuando llegamos frente a mi habitación ninguno de los dos hizo ademán de marcharse inmediatamente. La conversación había ido apagándose poco a poco durante el trayecto desde el puerto hasta el hotel, pero el silencio que quedó entre nosotros no resultaba incómodo.Apoyé una mano sobre la manija de la puerta y volví la vista hacia Marco.—Gracias por venir conmigo.Marco solo sonrió.—No tienes que agradecerme nada.Durante unos segundos permanecimos observándonos en silencio. Quizá era el cansancio acumulado después de una noche demasiado larga o la sensación de haber recuperado algo que creía perdido desde hacía mucho tiempo. Fuera cual fuera la razón, en semanas no sentía la necesidad de cuestionar cada palabra ni cada emoción.—Buenas noches, Valeria.La suavidad con la que pronunció mi nombre consiguió estremecerme. Estaba a punto de responder cuando la puerta de la habitación se abrió de repente.Tanto Marco como yo volvimos la vista al mismo tiempo.Adrián permanecía en el umbral
—Valeria... no te vayas.La voz de Adrián llegó detrás de mí justo cuando mis ojos seguían buscando a Marco entre los últimos invitados que abandonaban el salón. Me detuve de forma instintiva y, antes de que pudiera dar un paso más, sentí sus dedos cerrarse suavemente alrededor de mi brazo.Aquello consiguió que mi corazón volviera a acelerarse. Permanecí inmóvil observando el lugar por donde Marco había desaparecido mientras intentaba recuperar algo de claridad entre todo el caos que aquella noche había dejado dentro de mí.—Quiero hablar contigo.Levanté la vista al darme vuelta y me encontré directamente con los ojos de Adrián. Alexander Armand y los inversionistas ya no estaban allí. Los fotógrafos también habían desaparecido y el salón comenzaba a vaciarse poco a poco.Por primera vez desde el beso no había cámaras, ni periodistas, ni invitados observándonos desde la distancia. Ya no existían excusas detrás de las cuales esconderse ni interrupciones capaces de posponer aquello que
Todo ocurrió demasiado rápido.Sentí una última ráfaga de flashes explotando a nuestro alrededor y después sus labios sobre los míos. Por un instante el salón entero desapareció. La música, las conversaciones y las cámaras quedaron reducidas a un murmullo lejano incapaz de atravesar el torbellino que acababa de desatarse dentro de mí.Durante unos segundos fui incapaz de moverme. Los periodistas continuaban llamándonos desde distintos ángulos y las sonrisas satisfechas de los invitados confirmaban que acababan de obtener exactamente la imagen que esperaban de nosotros.Sin embargo, nada de aquello parecía real. Había pasado toda la noche intentando mantener distancia de él, recordándome una y otra vez todas las razones por las que debía protegerme, y aun así bastó un instante para que todo se volviera confuso otra vez.Cuando Adrián se separó finalmente, apenas unos centímetros, el ruido de la gala regresó de golpe. Los fotógrafos parecían encantados con la escena que acababan de captu
Último capítulo