Mundo ficciónIniciar sesiónSINOPSIS Madeleine Lawson es una chica de 19 años que se hizo cargo de los trillizos que su mejor amiga Diane le dejó al morir minutos después del parto. La mujer falleció sin decirle el origen de los niños y mucho menos el nombre del padre. Para ese momento Madeleine estudiaba para sobrecargo de vuelo, le encantaba volar desde que era pequeña y al no tener soporte económico para convertirse en piloto, comenzó a prepararse para un cargo menor que igual le ayudaría a cumplir su deseo. La imprevista maternidad le frenó su avance, no obstante, poco tiempo después, logró retomar su formación y en menos de un año había obtenido su certificado, ya tenía tres años trabajando para la aerolínea más prestigiosa del país. Un piloto de la aerolínea para la que trabaja Madeleine es Renán Viteri que también es CEO de la misma, además de ser el hombre que su amiga Diane conoció una noche, entregándose plenamente y quien es en realidad el padre de los trillizos que ella está criando. Se conocerán por un problema laboral y él querrá saber más de ella, quien concentrada en los trillizos no se percata del interés que está despertando en el piloto, aunque Renán una vez se juró no volver a enamorarse, debido a la traición de su prometida el mismo día de la boda. Cuando la madre de Renán le da un plazo de sesenta días para casarse, él, inmediatamente, decide contratar a Madeleine para que sea su esposa por un año, pero los conflictos y obstáculos entre ellos y contra ellos, no se harán esperar.
Leer másLos trillizos seguían dirigiendo y cosechando éxitos en el Imperio Viteri, los cuatrillizos menores, ingresaron a la universidad e iniciaban la etapa que definiría sus futuros profesionales; tal como les habían prometido Renán y Maddy, cada uno eligió por sí mismo, ellos nunca les impondrían nada que fuera impactante en sus vidas futuras, respetaban sus decisiones y sus individualidades.Por primera vez en varias semanas, volvían a reunirse todos, se encontraban en la casa del lago para celebrar el cumpleaños número noventa y seis de los cuatrillizos mayores, ahora todos viviendo juntos, manteniéndose saludables y con mucha agilidad mental.Madeleine estaba apoyada en una columna de la casa, observando a todos, de pronto aspiró un aroma familiar y sintió unos cálidos y todavía fuertes brazos rodeando sus hombros desde su espalda, apoyó su cabeza en el
Muchos meses después…En Aerolíneas Viteri la entrada de los trillizos se había convertido en todo un evento matutino. Desde que su padre los consideró aptos y ellos mismos demostraron sus capacidades, estaban a cargo.Tres hermosos ejemplares masculinos, casi idénticos físicamente, no obstante, cada uno poseía una personalidad definida y descollante, todos eran elegantes distinguiéndose, pero entre sí por tener estilos muy propios.Bayron era fanático de los trajes de tres piezas, sus chalecos eran sinónimo de exclusividad y su sastre tenía terminantemente prohibido confeccionarlos para alguien más. Él era el CEO enfocado en su trabajo, apoyado en sus estudios de Administración y su sagacidad, resultaba un excelente negociador, llevando un paso adelante la expansión del imperio familiar, al encargarse de todas las relaciones co
Al separarse ella suspiró e intentando sonar fuerte e indiferente le dijo: –¿Qué sigue a continuación? –Te llevo a mi habitación, me deshago de tu ropa, admiro tu cuerpo, lo recorro con mis manos, luego beso cada parte de ti para después hacerte mía.Fernanda lo escuchó atentamente, sin embargo, volvió a tomar el envase con pudín y siguió comiendo aparentando tranquilidad, lo que hizo que Edison arrugara su entrecejo con extrañeza y preguntándose para sí mismo, sí de verdad no había causado gran impacto en ella con ese beso, porque él se sentía perdido por su boca y deseaba besarla miles de veces.“No creo esa indiferencia” –se dijo y tomó su rostro entre sus mano
Edison la llevó a un restaurante argentino donde sabía que preparaban una exquisita parrillada, solo pensaba en que Fernanda es amante de la carne asada y su deseo era complacerla, en esa y en muchas otras cosas.El rato fue sumamente agradable, cuando él dejaba de huir a sus sentimientos y ella de verlo como un imposible, todo fluía armoniosamente; pasado un buen rato y mientras pagaba la cuenta, Edison pensaba en cómo extender el tiempo a su lado.–Podemos comer el postre en tu casa o en la mía, ¿qué decides?–A menos que haya surtido la despensa, sé que en su apartamento no quedaba nada para hacer postres y en la mía no se puede porque comparto apartamento con tres chicas de la clínica y una de las normas es no llevar visitas.Edison no comentó absolutamente nada, la instó a ponerse de pie y salir del restaurante, ya en el automóvil manejó con un destino definido en su mente, al llegar, él le dijo: –Ven conmigo porque no tengo idea de lo que se necesita. –¿P





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