—¿Qué fue tan importante como para que Daniel te retuviera a solas?
La voz de Adrián sonó a mi lado apenas cruzamos la puerta. Giré apenas la cabeza hacia él.
No parecía molesto.
Lo cual era mucho peor.
Caminaba a mi lado con la misma calma impecable de siempre, una mano dentro del bolsillo del pantalón oscuro mientras la otra sostenía el teléfono. El traje negro le ajustaba perfectamente. La corbata permanecía intacta. La expresión fría. Controlada. Intocable.
Como si nada pudiera alterar real