—Disculpen… ¿interrumpo algo?
La voz de Marco cortó el aire con una calma que no coincidía con su mirada. Sus ojos pasaron de Adrián a mí y luego se detuvieron apenas un segundo más de lo necesario, como si todavía estuviera reconstruyendo lo que había visto antes de salir.
Nadie respondió de inmediato.
El monitor volvió a estabilizarse, marcando un ritmo constante que, aunque no tranquilizaba del todo, al menos dejaba de anunciar peligro inmediato.
Mi hijo seguía dormido, más tranquilo, y por