—¿Cuánto le estás pagando?
La pregunta salió antes de que pudiera contenerla; no fue impulso, fue consecuencia.
Adrián no respondió de inmediato; siguió conduciendo, con la mirada fija en la ciudad que se abría frente a él, como si lo que acababa de escuchar no tuviera el peso suficiente para alterar el ritmo exacto con el que hacía todo.
Giré el rostro hacia él, sosteniendo su perfil con una precisión que ya no era duda.
—No te bastó conmigo —añadí.
Esta vez sí reaccionó, no brusco, no inmedia