Lo primero que vi no fue a mi hijo, sino las máquinas.
El sonido constante marcando cada respiración que él no podía sostener por sí solo llenaba la habitación con un ritmo artificial, frío, ajeno, completamente desproporcionado para su cuerpo tan pequeño. Los tubos, la máscara cubriendo parte de su rostro, todo parecía demasiado grande para él, y él, en medio de todo eso, se veía más frágil de lo que recordaba.
Sentí cómo algo se rompía dentro de mí antes de poder avanzar un solo paso. El aire