Adrián no levantó la mirada cuando entré, y fue precisamente eso lo que me hizo detenerme junto a la puerta.
Estaba de pie frente al ventanal, con el teléfono en la mano, escuchando en silencio, con esa quietud controlada. Cerré la puerta con cuidado, y el sonido fue mínimo, pero suficiente para que registrara mi presencia sin girarse.
—¿Ya revisaron el acceso lateral? —dijo finalmente, con voz baja—. No me interesa lo que creen. Quiero certezas.
Hubo una pausa breve.
—Entonces consíguelas.
Col