Capítulo 40 – El Nacimiento.
El sol de la tarde toscana entra por la ventana de la cocina como, calentando la mesa de roble donde apoyo los codos. Mi vientre es una luna llena, tensa bajo el vestido de algodón ligero. Nueve meses. El peso me ancla al suelo, pero también me eleva. El bebé se mueve, un puñetazo suave contra mis costillas. Sonrío sin querer. Adrián está afuera, el hacha golpea la madera con ritmo constante, eco en las colinas. Las mellizas corren entre los olivos, sus risas como campanillas en el viento. Flor