El corazón de Ana ni siquiera latía, la mirada del hombre frente a ella realmente decía mucho y nada de las cosas que podía comprender eran buenas. ¿Estaba impotente? Se hizo la pregunta, pero no comprendió la respuesta.
―Kalen…
―No digas nada. ―Explotó él. ―Es mejor que calles. ―Reprimiendo todo lo que tenía para decir, fue directo con su madre, ya no lo soporta más. ―Valiente. ―Trató de relajar la voz con su hija. ―Mamá espera por ti. ―Le sonrió. ―Yo debo ir a ocuparme de algunas cosas, per