―¡No puedes tomarte esas libertades con mi hija! ―Le advirtió. ―No necesito que la estés mimando todo el tiempo. ―Kalen se sentía explotar por la hostilidad de esa mujer, realmente lo está volviendo loco.
―¿Segura que no puedo tomarme esas libertades? ―Ana pasó saliva con dificultad, ese gesto de Kalen siempre la ha puesto nerviosa, es como si supiera hasta su secreto más oscuro. ―Dime, tormenta, ¿Estás segura? ―Ana que es conocida por su testarudez, asintió.
―¿Por qué no estaría yo segura? ―