Ambos se quedaron mirando por una eternidad, el corazón de cada uno marchó a un ritmo desenfrenado, sus pulmones se pusieron de acuerdo para no recibir el aire y su mundo se estremeció tan fuerte que todo ellos se desequilibraron.
Cinco años, habían pasado cinco años sin verse y ahora estaban ahí uno frente al otro sintiendo un millón de emociones en las que el resentimiento era el que más dominaba. ¿Cómo la vida se la podía estar jugando de esa manera? Se preguntó cada uno sin poder creer tod