El fastidioso timbre del móvil la hizo gruñir, pero no tenía más opción que responder a la brevedad porque su niña se había pasado a su cama y no deseaba que despertara a esa hora tan temprana.
―¿Bueno? ―Escuchar la voz de recién levantada y puro agotamiento fue vida misma para quien estaba del otro lado de la línea.
―Quiero desayunar, te quiero aquí en cinco minutos. ―Ana cerró los ojos con fuerza.
―Son las cuatro de la mañana…
―No me interesa. ―Gruñó callándola. ―Debo salir a soluciona