Ana miró a su alrededor y no podía dejar de sonreír, el recordar que cuando fue a la clínica de salud mental todo lo veía tan oscuro y triste, se le hacía impresionante como ahora todo estaba lleno de color y más emocionante que nunca.
―¿A dónde me llevas? ―Lo miró con la ceja enarcada.
―¿No puedo robarme a mi mujer por un rato? ―Acarició su pierna. ―Solo daremos un par de vueltas, muero por pasar tiempo contigo.
―Nuestra hija te matará por secuestrar a su mami. ―Bromeó riéndose.
―Me dio