La oficina quedó en ruinas emocionales tras la salida de Orestes. El silencio que quedó atrás no era paz, era una pausa tensa, la antesala de otra batalla, esta vez, interna.
Ethan se pasó las manos por el rostro. Tenía el corazón latiendo como si acabara de correr aún sin moverse del lugar. Frente a él, Eirin se abrazaba los codos asiéndose sus manos a ellos, como intentando sostenerse por dentro. Su rostro estaba pálido, la blusa algo arrugada, y el carmín de sus labios aunque intacto comenza