Orestes, Nora, y Eliseo ya no representaban una amenaza, y la libertad, que siempre había estado fuera de su alcance, finalmente estaba al alcance de sus manos.
El roce de la bala que la había alcanzado había dejado una marca física, sí, pero también algo más profundo se había quedado en su pecho. El cansancio emocional, las huellas de los años vividos en la oscuridad, la tensión constante de saber que, incluso en la aparente paz, siempre había algo acechando, algo que podía romperlo todo.
Eiir