Mientras Eirin permanecía encerrada en su habitación, Ethan estaba sumido en la incertidumbre.
La luz del atardecer entraba a través de las cortinas pesadas del estudio, tiñendo la habitación con un tono dorado que, por un instante, parecía suavizar la tensión que se acumulaba en el aire. Ethan estaba sentado frente a su escritorio, mirando el documento que había encontrado entre los artículos personales de su madre, un archivo olvidado que llevaba su nombre. Todo había comenzado allí, con esa