Días después, Eirin cerró la puerta del baño con suavidad, dejando que la quietud de la habitación la envolviera. El aire estaba pesado, denso, como si todo a su alrededor estuviera esperando una respuesta. Su respiración era rápida, irregular, como si el simple acto de pensar en lo que había descubierto la estuviera ahogando.
Sobre el lavabo, varios test de embarazo estaban dispuestos en fila, todos mostrando el mismo resultado: positivo. No había duda. No podía haberla. Y, sin embargo, algo d