El mármol del vestíbulo estaba helado, pero la mano de Vicente sobre el vientre de Lucía ardía como el hierro fundido. La sensación de sumisión que la recorría no era un sentimiento real; era una parálisis química provocada por el micro-pulso del gemelo modificado. Su propio cuerpo la estaba traicionando, bloqueando sus reflejos y obligándola a respirar al ritmo lento y maquinal del Patriarca.
—Mírate... —susurró Vicente a pocos centímetros de su rostro, exhalando un aliento con olor a éter y t