La paz en la mansión Valdivia era una mentira pintada de blanco. Marbella despertaba con un sol radiante que se filtraba por los ventanales de seda de la suite principal, bañando la cama de dosel donde Lucía intentaba convencerse de que la guerra había terminado.
Se giró entre las sábanas de mil hilos, sintiendo el calor sólido de Diego a su espalda. Durante seis meses, ese calor había sido su único refugio. Diego ya no dormía con el arma sobre la mesa de noche, sino en el cajón, un pequeño ges