Tariq despertó con un grito silencioso. Estaba en su cama, solo, pero su piel ardía. El aire frío del penthouse no lograba calmar el sudor helado que cubría su cuerpo. La imagen se desvaneció, pero el dolor permaneció: el dolor visceral de la pérdida que se enroscaba en su pecho.
Se incorporó, el corazón latiéndole a un ritmo de pánico. No era una pesadilla cualquiera, era una recurrente, pero esta vez, había sido más vívida. Como si fuera un recuerdo de algo que él mismo hubiese experimentado e